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La excursión de 2 días al desierto desde Marrakech es una experiencia corta pero muy intensa para descubrir el sur de Marruecos. En poco tiempo podrás ver paisajes increíbles, cruzar montañas, visitar kasbahs y vivir la magia del desierto del Sahara.
El primer día, la ruta suele pasar por el Alto Atlas y la famosa kasbah de Aït Ben Haddou, antes de continuar hacia el sur hasta llegar a las puertas del desierto. Por la tarde, se realiza un paseo en dromedario y se pasa la noche en un campamento en el desierto bajo las estrellas.
El segundo día comienza con el amanecer en las dunas, uno de los momentos más especiales del viaje. Después del desayuno, regreso hacia Marrakech atravesando paisajes del sur marroquí.
Es una opción ideal para quienes tienen poco tiempo pero quieren vivir la experiencia del desierto de Marruecos.
Salimos temprano desde Marrakech y cruzamos las montañas del Alto Atlas. El camino pasa por valles y pequeños pueblos bereberes. Hacemos una parada en la kasbah de Telouet.
Después continuamos hacia Ouarzazate, conocida por sus estudios de cine. Pasamos por el oasis de Skoura, lleno de palmeras y olivos. También descubrimos el Valle de las Rosas, famoso por su producción de agua de rosas.
Más adelante llegamos a las gargantas del Dadès, con grandes formaciones rocosas y paisajes muy bonitos. Paramos para disfrutar de la naturaleza.
Al día siguiente salimos hacia las gargantas del Todra, muy estrechas y con paredes de roca impresionantes. Continuamos hacia Erfoud y finalmente llegamos al desierto de Merzouga, donde se encuentran las grandes dunas de Erg Chebbi.
Allí hacemos un paseo en dromedario al atardecer. Llegamos al campamento en el desierto para disfrutar de una cena tradicional. Por la noche, compartimos un momento alrededor del fuego con música bereber. Dormimos en una tienda nómada en el corazón del Sahara.
Al final de este viaje, los viajeros regresan cambiados. No es solo un recorrido por los paisajes de Marruecos, sino también un viaje interior. Cada sonrisa, cada historia de los guías, cada momento compartido alrededor del fuego deja una huella especial.
Vuelven a Marrakech con más que un recuerdo: llevan una parte del desierto dentro de ellos, que permanece viva en cada momento… y quizás con ganas de volver.

